Investingencia

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Eugenia Hernández & Ana Isabel Páramo

Resumen

España carece de un Sistema de Inteligencia Económica (SIE), entendido este como una comunidad integrada y operativa que coordine y una los esfuerzos de los organismos públicos y privados, así como de las empresas en aras de la defensa de los intereses nacionales. Si bien es cierto que el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) es la institución responsable de producir la inteligencia necesaria para el Gobierno de la nación, de acuerdo con el artículo n.4 de la ley que crea y regula las misiones y el funcionamiento del CNI, también debemos admitir que dicha ley en ningún momento asigna al CNI la exclusividad para producir inteligencia económica: “obtener, evaluar e interpretar informa-ción y difundir la inteligencia necesaria para proteger y promover los intereses políticos, económicos, industriales, comerciales y estratégicos de España, pudiendo actuar dentro o fuera el territorio na-cional”.

Desestimar la posibilidad de crear un organismo multidisciplinar e interministerial para trabajar en beneficio de los intereses económicos de España es una opción que no podemos permitirnos, por-que va en contra de la cooperación necesaria para hacer frente a las amenazas que acechan a diario a nuestro entramado empresarial.

Palabras clave: Inteligencia Económica, Sistema de Inteligencia Económica, Inteligencia Compe-titiva, Inteligencia Empresarial, Cuarta Revolución Industrial, Big Data.

Introducción.

En España no contamos con un Sistema de Inteligencia Económica integrado. Y, sin duda, existen instituciones, organismos y empresas que producen inteligencia en los entornos económicos y empresariales.

Si el resumen de qué es inteligencia, sería “la información tratada para la toma de decisiones”, se puede afirmar que la inteligencia es producida y ampliamente utilizada en el mundo empresarial por los actores económicos, estatales, institucionales, y del tercer sector.

La Inteligencia es un término polisémico, que refiere dife-rentes realidades:

  • • La inteligencia es capacidad cognitiva.
  • • Es también un proceso de producción (el lla-mado Ciclo de Inteligencia).
  • • Y también se refiere al producto de analizar la in-formación disponible de acuerdo con los princi-pios del mencionado Ciclo de Inteligencia.
  • • Inteligencia es además el término utilizado para referirse a las instituciones y organizaciones que producen inteligencia, tanto las que generan inte-ligencia para los Estados como las que la elaboran para su propio consumo o, incluso, para entida-des ajenas.

Las empresas y los actores económicos basan sus decisio-nes en el resultado de someter la información a rigurosos procesos analíticos (cuantitativos y cualitativos): la inteli-gencia. Esta herramienta es útil y necesaria para desenvol-verse en los entornos VUCA en los que nos ha tocado vi-vir, donde la volatilidad, la incertidumbre, la complejidad y la ambigüedad son los ingredientes permanentes.

Además, la revolución tecnológica acelerada, la llamada Cuarta Revolución Industrial, término acuñado en el World Economic Forum, y teorizada por el fundador de ese mismo foro Klaus Schwab en su libro, homónimo del término y publicado en 2016, está potenciando cambios en los modelos económicos, los servicios, el consumo, los productos y en la propia sociedad.

Poder contar con un SIE integrado y funcional, permitiría a España incrementar su competitividad y su resiliencia en el marco de una Unión Europea en transición y de un sis-tema de economía global en plena transformación.

Los productos de inteligencia, elaborados con su propio proceso, tienen un alto valor añadido. Aportan conoci-miento para la toma de decisiones. Y además son la base para la generación de escenarios futuros, lo que permite anticiparse a los acontecimientos.

La creación de escenarios de probabilidad en el entorno empresarial y económico permiten proyectar futuros plau-sibles. La generación de estos escenarios se utiliza en sec-tores muy diversos: entorno político, de la seguridad, so-cial, legal, económico…

La técnica de los escenarios no persigue adivinar un futuro incierto por naturaleza, pero sí permite adoptar medidas en virtud de las probabilidades de ocurrencia de cada uno de ellos y de sus respectivas repercusiones para los intereses que pretendamos proteger.

¿Por qué hemos de limitarnos a considerar solo los esce-narios más probables cuando existen otros muy improba-bles pero con un alto impacto? A través de la inclusión de procesos de pensamiento crítico, creativo y lateral puede reducirse el factor sorpresa, lo que fomenta la proactividad en detrimento de la reactividad en el ámbito de la inteligen-cia y de la toma de decisiones. Este proceso supone la mo-delización del concepto de “cisne negro” acuñado por Ta-leb: Se contempla la posibilidad de que un suceso se con-vierta en real, de manera que destruimos la opción de que sea un cisne negro.

La anticipación que permite este proceso de análisis su-pone una ventaja competitiva en toda regla a la que el mundo de la economía -geoeconomía, diría yo- no puede renunciar.

En España, tal y como refleja la Comunidad “formal” de Inteligencia, no existe un sistema claro y eficaz de coordi-nación; asimismo, no están incluidas ni consideradas las “reservas de inteligencia” en la Comunidad de Inteligencia Ampliada.

No está diseñado el Sistema de Inteligencia Económica de manera formal, aunque de facto operen flujos de informa-ción y existan actuaciones puntuales encaminadas a la ge-neración de estructuras que pueden ser el germen de un SIE integrado. Existen, por lo tanto, las bases para la ge-neración de un SIE en España. Solo falta la voluntad de quienes tienen la responsabilidad de velar por los intereses económicos de España, la cooperación entre instituciones públicas y la inclusión del entramado académico y empre-sarial. En este sentido, conviene hacer un llamamiento a la reflexión colectiva sobre el tipo de empresas que deben formar parte de ese SIE para que sea fiel reflejo de la reali-dad económica española y útil para la gran empresa y para la PYME.

Seguir obviando la necesidad de un SIE nos sitúa en un plano de inferioridad de condiciones respecto a otros paí-ses de nuestro entorno. Esto podría considerarse como un claro ejemplo de dejación de funciones, con unas repercu-siones económicas muy negativas para el país y su desarro-llo.

1. ¿Qué es la inteligencia econó-mica?

Es cada vez más habitual oír hablar de inteligencia econó-mica, si bien es más difícil encontrar alguna referencia a la delimitación conceptual. Así, leemos business intelligence, in hablar de la inteligencia artificial y el big data.

Afrontemos el proceso de aclaraciones con un procedi-miento seudocientífico, esto es, mediante la exclusión de 4

posibilidades, lo que en el mundo de los analistas de inteli-gencia se denomina “descartar hipótesis”.

Respecto del concepto de inteligencia, conviene resaltar que ha evolucionado a lo largo de las últimas décadas. Desde que Sherman Kent la definió como “The product re-sulting from the collection, processing, integration, analysis, evaluation and interpretation of available information concerning foreign coun-tries or areas” en los años sesenta hasta hoy, la idea de inte-ligencia como producto ha cambiado para adaptarse al mundo actual.

Sherman Kent (1903-1986), conocido como uno de los pa-dres del análisis de inteligencia tal y como lo conocemos hoy, elaboró esta definición en plena Guerra Fría, cuando era clara la existencia de dos bloques políticos bien dife-renciados y, por tanto, todo el mundo tenía claro quién era su adversario: algún país del otro bloque. No se concebía la posibilidad de que un ataque proviniera de un agente di-ferente de un Estado.

Volvamos al siglo XXI. La definición de Kent está vigente, si bien habría que modificar el alcance de la información, puesto que en la actualidad el campo se amplía de modo prácticamente ilimitado: países, grupos, empresas, indivi-duos…; extranjeros, nacionales, transnacionales…

Una aportación genérica pero muy próxima a la realidad es la siguiente reflexión sobre la inteligencia: “Intelligence deals with all the things which should be known in advance of initiating a course of action”

Pues bien, a partir de estas aportaciones (por supuesto que podríamos haber enunciado más), lancémonos a definir la inteligencia como “el resultado de someter a un riguroso proceso de análisis la información disponible de manera que sea un producto útil para la toma de decisiones con el menor grado de incertidumbre posible que permita alcan-zar los objetivos, bien de un Estado, bien de una organiza-ción (pública o privada).

Queda, pues, superada la definición contenida en el Glosa-rio de Inteligencia y en el propio Diccionario LID de Inte-ligencia y Seguridad publicados bajo la supervisión del Mi-nisterio de Defensa español: “Producto que resulta de la evaluación, la integración, el análisis y la interpretación de la información reunida por un servicio de inteligencia”.

De la misma manera que el concepto de inteligencia ha ex-perimentado una evolución, también lo ha hecho el de in-teligencia económica. Aclaremos algunas ideas para llegar a una definición de la inteligencia económica.

Inteligencia artificial y big data. La primera es un conjunto de algoritmos que, integrados en un programa de compu-tación, permite realizar determinadas operaciones que se consideran propias de la inteligencia humana, incluido el autoaprendizaje.

Big Data es un término que describe el gran volumen de datos, tanto estructurados como no estructurados, existen-tes y disponibles.

Siguiendo la definición de Gartner, vigente a pesar de con-tar con más de quince años de antigüedad, en el big data confluyen los siguientes atributos: Volumen, velocidad y variedad; más recientemente, se han añadido los de valor y veracidad. La necesidad de esta herramienta viene de la cantidad de información que puede obtenerse, de la velo-cidad con que se produce y varía, y de la variedad de la propia información y de sus orígenes.

Vivimos en la era del exceso de información (conocido como infoxicación). Ahora bien, ¿toda tiene el mismo va-lor?, ¿toda es igual de veraz? El big data ayuda a filtrar esos datos de acuerdo con unos criterios establecidos para apro-vechar el volumen de información de manera que se opti-mice el resultado, esto es, que se presenten tan solo los da-tos útiles para la toma de decisiones.

Hasta aquí hemos abordado, de forma superficial pero práctica a los efectos del presente artículo, dos herramien-tas de obtención de información. En ningún momento se ha mencionado la producción de inteligencia; se puede afirmar que tanto la inteligencia artificial como el big data pueden ser la antesala de la inteligencia puesto que permi-ten el acceso a su materia prima: la información, la noticia, el dato, la opinión…

Hablar de Business intelligence, o inteligencia de los negocios implica introducir el procesamiento de la información. Existe una aceptación casi unánime respecto al significado de esta expresión: Conjunto de herramientas y metodolo-gías que permite obtener y tratar los datos procedentes de la propia actividad de la empresa (ventas, clientes, provee-dores, etcétera). Trata datos cuantitativos que pueden faci-litar la toma de decisiones con la vista puesta en la mejora de la cuenta de resultados.

La Business intelligence es un tipo de inteligencia que realizan las empresas de acuerdo con lo establecido en el párrafo anterior, pero ¿es esto suficiente para ayudar al decisor? Responder de modo afirmativo implicar limitar el uso de las fuentes de información disponibles.

Para producir inteligencia de calidad (o sea, útil para el pro-ceso de toma de decisiones), no nos fijamos exclusiva-mente en la información procedente de fuentes abiertas (incluidas las redes sociales), ni de fuentes humanas, ni de las tecnológicas, sino que tratamos de tomar cualquier dato que ayude a responder a la pregunta de inteligencia, con Publicaciones de La_SEI: Journal of Economic & Business Intelligence. [ISSN: xxxx-xxxx] 1(x) xx – xx

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independencia de su procedencia, lo que no significa que no haya sido debidamente contrastada y valorada. Pues bien, de la misma manera, a las empresas no les sirve solo con la business intelligennce para orientar su negocio.

Demos ahora un salto cognitivo para abordar tres concep-tos que, con frecuencia, se confunden e, incluso, se usan como si de sinónimos se tratara:

• Inteligencia competitiva

• Inteligencia empresarial

• Inteligencia económica

Si buscamos en el diccionario el término “competitiva”, encontraremos que significa 1. adj. Perteneciente o rela-tivo a la competición.2. adj. Capaz de competir. En rela-ción “competencia”, tenemos lo siguiente: 1. f. Disputa o contienda entre dos o más personas so-bre algo. 2. f. Oposición o rivalidad entre dos o más per-sonas que aspiran a obtener la misma cosa. 3. f. Situa-ción de empresas que rivalizan en un mercado ofre-ciendo o demandando un mismo producto o servicio. 4. f. Persona o grupo rival.

De lo expuesto en los párrafos anteriores, se deduce que la inteligencia competitiva es aquella que emplean las organi-zaciones para competir entre sí. Afirmar que esta es la fi-nalidad de las empresas es faltar a la verdad puesto que es-taríamos excluyendo toda actividad carente de “contrin-cante”; además, una inteligencia basada en la información sobre los competidores, que no contemple otros elemen-tos del entorno, no responde a las necesidades del empre-sario de hoy.

Pasemos ahora a la inteligencia empresarial. Seguimos el mismo proceso de búsqueda y el diccionario nos dice que “empresarial” significa 1. Perteneciente o rela-tivo a las empresas o a los empresarios. “Empresario”: aquella persona que, de forma individual o colectiva, fija los objetivos y toma las decisiones estratégicas acerca de las metas, los medios, la administración y el control de las empresas, y asume la responsabilidad tanto comercial como legal frente a terceros. El empresario es la persona física o jurídica, que con capacidad legal y de un modo pro-fesional combina capital y trabajo con el objetivo de pro-ducir bienes y/o servicios para ofertarlos en el mercado, a fin de obtener beneficios.

De la misma forma que hicimos con la inteligencia compe-titiva, a tenor de lo indicado, inteligencia empresarial es la que tiene que ver con la gestión y administración de la em-presa. Esta dimensión nos acerca un poco más a la reali-dad, pero es interesante reflexionar sobre el alcance limi-tado que tiene.

Si la misión del empresario es fijar objetivos y tomar deci-siones estratégicas para alcanzarlos, la inteligencia basada en la actividad de la empresa (empresarial) no es suficiente. El responsable de cualquier organización no puede esta-blecer una estrategia de ningún tipo solo a tenor de sus pe-culiaridades, intereses y metas; ha de levantar la cabeza y mirar de forma mucho más global para adaptar la trayecto-ria empresarial a la realidad presente y futura en la que se desenvuelve.

Por ello, nos atrevemos a afirmar que la inteligencia que hoy día necesitan y tienden a producir las empresas es más holística que la mera inteligencia empresarial, sin que ello implique menosprecio hacia este tipo de inteligencia.

Veamos ahora lo que es la inteligencia económica. Econo-mía implica 1. Administración eficaz y razona-ble de los bienes de una persona, una empresa, una socie-dad u otra colectividad. 2. f. Conjunto de bienes y activi-dades que integran la riqueza de una colectividad o un in-dividuo. 3. f. Ciencia que estudia los métodos más efica-ces para satisfacer las necesidades humanas materia-les, mediante el empleo de bienes escasos. 4. f. Conten-ción o adecuada distribución de recursos materiales o ex-presivos. 5. f. Ahorro de trabajo, tiempo u otros bie-nes o servicios. 6. f. pl. Ahorros mantenidos en reserva. 7. f. pl. Reducción de gastos anunciados o previstos.

En España se ha generalizado la idea de que la inteligencia económica es la que produce el Estado para salvaguardar los intereses nacionales. Esto responde a una seudoimpo-sición terminológica sin base real. En el mundo globali-zado y complejo en el que vivimos el Estado necesita a las empresas y estas precisan de cierta asistencia estatal para potenciar el desarrollo -económico- de la nación. De la misma manera en que un servicio de inteligencia puede ac-tuar en beneficio de empresas nacionales (públicas y priva-das) que contribuyen a generar riqueza para el país, las em-presas pueden aportar información muy útil al servicio de inteligencia.

Señalemos las conclusiones que se extraen de esta refle-xión:

1. La inteligencia económica es el resultado de ana-lizar la información -económica o no- disponible para defender los intereses nacionales. En su pro-ducción participan tanto el/los servicio/s de in-teligencia como el entramado empresarial de un país.

2. Cuando una empresa, en el desarrollo de su acti-vidad, diseña estrategias necesita disponer de in-teligencia económica, bien proceda del Estado, bien sea un producto propio.

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3. Las empresas no se centran solo en la competiti-vidad o en la realidad de la propia organización, sino que han de conocer tendencias económicas, sociales, culturales, políticas… locales, regionales o globales para tomar decisiones y adoptar medi-das que les permitan alcanzar sus objetivos.

4. De una forma paralela a la evolución del con-cepto de inteligencia, tal y como señalábamos al principio de este apartado, hemos de asumir y aceptar que el de inteligencia económica también lo ha hecho. Si aceptamos que en el pasado la in-teligencia solo la producían los Estados (Sherman Kent) respecto de otros Estados y que ahora exis-ten otras organizaciones que la elaboran para sal-vaguardar sus propios intereses, no debería haber inconveniente para admitir que la inteligencia económica ha dejado de ser competencia exclu-siva de los Estados para pasar a ser susceptible de producción por cualquier entidad que pretenda defender intereses económicos.

Si la inteligencia económica es cosa de todos, no debería costarnos creer que están sentadas las bases para dar el salto a la creación de un Sistema de Inteligencia Econó-mica que vele por la defensa de los intereses económicos de España.

2. Necesidad de un Sistema Na-cional de Inteligencia Econó-mica

La Estrategia de Seguridad Nacional de 2011 marcó la ne-cesidad de crear un Sistema de Inteligencia Económica (SIE) en España con la finalidad de garantizar la estabilidad económica y financiera. En el año 2013 se insistía en la uti-lidad de este organismo como herramienta de apoyo para la seguridad económica.

¿Qué ha pasado o qué no ha sucedido para que desde en-tonces no se haya avanzado en este sentido? Resulta difícil comprender por qué España no goza de un SIE si la prác-tica totalidad de los actores socioeconómicos del país están de acuerdo en su necesidad.

La respuesta quizá tenga que ver con lo que un buen colega denomina el carácter “hispanoespañol”. Todos estamos convencidos de que es preciso aunar esfuerzos para obte-ner resultados, pero no hemos sido educados para trabajar en equipo bajo el lema de la coordinación, la con-fianza…Nos gusta afirmar que hay que compartir, si bien nos resistimos a poner lo nuestro (información, conoci-miento, etcétera) en común y a disposición de los demás; eso sí, aceptamos sin pegas lo que los otros quieran dar, incluso les exigimos.

Este principio de “lo mío es mío y lo tuyo puede serlo tam-bién” es aplicable al ámbito personal y, por supuesto, al institucional. En realidad, uno de los escollos que hay que salvar para poder crear y poner en marcha un SIE en Es-paña es bajo qué dirección; esto es, a qué ministerio -o ins-titución- ha de adscribirse. ¿Tan difícil es anteponer los in-tereses nacionales a los departamentales o, incluso, perso-nales?

Podemos afirmar que, hasta ahora, el órgano que más ha trabajado en este ámbito es el Centro Nacional de Inteli-gencia (CNI), que ha hecho un gran esfuerzo de acerca-miento al mundo empresarial para sincronizar sinergias y coordinar esfuerzos en aras de la seguridad económica. En este sentido, el servicio de inteligencia español no ha hecho sino cumplir con el mandato legal recogido en el artículo 4 de la Ley 11/2002, de 6 de mayo, reguladora del Centro Nacional de Inteligencia: “Obtener, evaluar e interpretar información y difundir inteligencia necesaria para proteger y promover los intereses políticos, económicos, individua-les, comerciales y estratégicos de España, pudiendo actuar dentro o fuera del territorio nacional”.

Ahora bien, la importancia que tiene para cualquier nación la defensa de los intereses económicos requiere de una or-ganización estatal capaz de establecer estrategias y deter-minar líneas de acción acordes a los objetivos y a las pecu-liaridades del entramado empresarial (comercial, finan-ciero, industrial, etc,).

Si miramos a los países de nuestro entorno, vemos que cuentan con un organismo dotado de las siguientes carac-terísticas:

• Una dirección multiinstitucional que actúa, además, como centro de coordinación.

• Una política de apertura a la participación de todas las empresas nacionales que deseen integrarse en el sis-tema, con independencia de sus sectores de actividad y sus tamaños.

• Una estrategia de comunicación bidireccional Estado-empresas en la que todos aportan y todos se benefician (un sistema win-win).

• Una campaña de concienciación y formación diseñada para generar cultura de inteligencia e involucrar a la so-ciedad en la defensa de los intereses nacionales en ge-neral, y económicos en lo que respecta al SIE.

• Una implicación nacional, generalmente no sectorial, bajo el lema de “la unión hace la fuerza”.

Cualquier actividad, individual o colectiva; pública o pri-vada, tiene repercusiones económicas. Igualmente, los da-tos o acontecimientos económicos son el resultado de una combinación de variables. Tratar de abordar la economía nacional desde una perspectiva única es condenar el pro-yecto al fracaso. Por eso hay que luchar para conseguir un SIE global desde distintas perspectivas:

Multidisciplinar, que permita abordar los intereses econó-micos en su sentido más amplio y estudiar relaciones e im-pactos entre variables de distinta naturaleza: puramente económica, social, cultural, de seguridad, política, reli-giosa… Publicaciones de La_SEI: Journal of Economic & Business Intelligence. [ISSN: xxxx-xxxx] 1(x) xx – xx

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Colaborativa, donde todos los actores implicados se com-prometan a aportar como paso previo a la obtención de beneficios.

Inclusiva, en el que tengan cabida todas las instituciones públicas y privadas que puedan contribuir a generar riqueza o a evitar impactos negativos en la economía; grandes em-presas de todos los sectores, estratégicos o no; y, por su-puesto, las siempre olvidadas y desprotegidas pymes, por-que ellas contribuyen de manera clara a la creación de ri-queza en España.

Abierta a la sociedad y accesible, puesto que no se puede contribuir a algo cuya existencia se desconoce o si su ac-ceso es complejo.

Formativa, desde edades tempranas, para fomentar el sen-timiento y el convencimiento de que la ciudadanía puede y debe contribuir a la defensa de los intereses nacionales.

Ana Páramo

La Escuela de Inteligencia